Enero 26, 2022
Además de prevenir más perjuicio a la atmósfera se debe eliminar el exceso de gases para revertir el daño existente. Y High Hopes de Israel halló una novedosa solución.
Flotas de globos aerostáticos podrían limpiar el dióxido de carbono del aire. Foto: Umit Cem Pamuk/Pexels Por Abigail Klein Leichman
Del mismo modo que usar demasiado aderezo arruina a la ensalada, si hay dióxido de carbono (CO2) de más en la atmósfera de la Tierra esto hace que se contamine el aire, y este es uno de los principales impulsores de la crisis ambiental de la actualidad.
Los especialistas en cambio climático coinciden en que además de prevenir un mayor daño a la atmósfera lo que se debe aislar y luego eliminar es el exceso de dióxido de carbono. Sólo así se podría revertir el daño existente.
Sin embargo, esta tarea es como tratar de quitar el aderezo ya volcado a la ensalada.
Con esa premisa, en Israel nació nuevo enfoque: capturar el CO2 cuando está congelado a gran altitud con el uso de materiales de alta tecnología transportados por globos. Esta idea podría alterar por completo el mundo de la tecnología orientada a la captura de carbono.
“La humanidad genera unos 50.000 millones de toneladas de CO2 por año debido al uso de electricidad, la deforestación, calefacción, el transporte y la industria general. Cerca de la mitad permanece en la atmósfera, algo que provoca inundaciones, incendios y cambio climático”, indicó Nadav Mansdorf, cofundador y director ejecutivo de High Hopes Labs de Ramat Gan.
De acuerdo con el directivo, un emprendedor en serie de alta tecnología con grandes esperanzas de mejorar el mundo, hoy se asignan muchos recursos para capturar CO2 del aire “porque si no lo hacemos, nos enfrentamos a una catástrofe”.
El problema es que las tecnologías actuales de captura de carbono solo eliminan unos pocos miles de toneladas anuales.
Un llamado de atención
Una madrugada hace unos dos años, el científico Eran Oren telefoneó a Mansdorf para compartir una idea ingeniosa.
“Eran me llamó a las 4 de la mañana para decirme que había encontrado una solución para el mayor problema del mundo. Creo que desde entonces no hemos dormido”, bromeó Mansdorf.
Oren, un veterano del programa Talpiot de las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) para físicos jóvenes promisorios, había estudiado todos los informes sobre el cambio climático que pudo encontrar. Su investigación lo llevó del escepticismo inicial a la alarma total. “Lo que ocurre es mucho peor de lo que generalmente se le muestra a la gente”, le dijo Oren a ISRAEL21c en Español.
Para Oren, enfatizar en una mayor captura de CO2 aparecía como algo crucial y así fue como se basó en sus conocimientos en química y materiales avanzados para hacer una propuesta de mejora del sistema.
Oren creía que la clave eran las temperaturas ultra bajas. Es que a grandes altitudes, el CO2 se congela y se vuelve más fácil de eliminar de la atmósfera.
Los materiales avanzados que funcionan como esponjas y filtros también trabajan mejor a temperaturas más bajas.
“Utilizamos esto para lograr que la captura de carbono sea mucho más eficiente en costo y tiempo, convirtiéndose en una solución válida real para el cambio climático”, indicó el científico.
Aquella llamada desesperada a la madrugada se produjo luego de una noche de insomnio en la que se preguntó cómo usar globos aerostáticos para hacer la tarea. Además, confirmó que nadie más lo había intentado.
“En la última década, el campo de los globos aerostáticos a gran altitud vivió un salto tecnológico”, afirmó Oren, que explicó que Google, Amazon y la NASA crearon formas de impulsar globos hacia arriba y abajo de manera controlada.
Alto, arriba y más allá
Los globos de tereftalato de polietileno biaxialmente orientado (BoPET) son resistentes, baratos y livianos. Cuando están llenos de helio o hidrógeno, pueden levantar una carga útil muy alta (en este caso un recipiente de almacenamiento de CO2).
Para ello, High Hopes propone el uso de flotas de globos que puedan extraer el gas congelado del aire en etapas a 16.000 metros del suelo. Los fuertes vientos soplan el CO2 a través del recipiente y éste se adhiere al material del filtro de alta tecnología en el interior del globo.
El CO2 se mantiene bajo presión a altas concentraciones y es bajado a la tierra para ser “secuestrado” de forma segura bajo tierra. Oren explicó que los científicos aún están averiguando cómo utilizar el carbono capturado.
“Nadav y yo estuvimos desarrollando la tecnología durante un año antes de que estuviéramos satisfechos con su viabilidad. Hicimos ensayos y las pruebas conceptuales fueron nuestro punto de partida para la siguiente fase”, contó Oren, que se encuentra en Alemania dirigiendo experimentos de optimización en la subsidiaria de High Hopes.
“Al principio, el proyecto arrancó porque parecía demasiado loco pedirle a alguien más que lo financiara. Cuando hicimos nuestros cálculos y comprendimos que era posible, escalable y sensato, en menos de un mes recaudamos dinero de fondos ángeles. Esto fue hace cerca de un año”, expresó Mansdorf.
Mientras la compañía suiza Climeworks informó que puede capturar carbono a un costo de 1.000 dólares o más por tonelada, High Hopes planea comenzar a fijar un precio de alrededor de 100 dólares por tonelada y reducirlo a la mitad a medida que aumente el trabajo .
Y en lugar de capturar 1.000 toneladas de CO2 por año, High Hopes apunta a capturar al menos una tonelada por día por globo. De ese modo, dijo Mansdorf, una flota de globos podría capturar miles de millones de toneladas.
Al salir del “modo sigiloso” en el Día de la Tierra de abril de este año, High Hopes comenzó a recibir consultas diarias de gobiernos, compañías de energía y grandes corporaciones de todo el mundo.
“Es una experiencia muy incómoda. Somos pequeños y nuevos, no ricos ni famosos. Hay semanas en las que cada noche tenemos reuniones de Zoom con empresas de Fortune 500”, contó Mansdorf.
Fuente: ISRAEL21c
Pacífico Comunicaciones
Victor Villasante
Foto: Gerd Altmann Pixabay
Un equipo científico de Israel convirtió una bacteria común que consume azúcar en cepas de Eschericia coli que producen toda su biomasa a partir del dióxido de carbono (CO2), uno de los principales causantes de la contaminación atmosférica y el calentamiento global, según un artículo que publica este miércoles la revista Cell.
"Nuestro objetivo principal era crear una plataforma científica conveniente que pudiera realzar la fijación del dióxido de carbono, lo cual podría ayudar a lidiar con los retos de una producción sostenible de alimentos, los combustibles y el calentamiento global causado por las emisiones", explicó Ron Milo, del Instituto Weizmann de Ciencias, con sede en Rehovot (Israel).
"La conversión de la fuente de carbono de la E. coli, el caballo de batalla de la biotecnología, de carbono orgánico a CO2 es un gran paso para el establecimiento de tal plataforma", añadió.
El CO2 procedente del uso de combustibles fósiles causa el 65 % de las emisiones de gases que contribuyen al calentamiento global y otro 11 % procede de las actividades humanas de deforestación y usos agrícolas del suelo, según el Grupo Intergubernamental sobre Cambio Climático.
Todos los organismos vivos en el planeta se dividen en autótrofos, que convierten compuestos inorgánicos en biomasa, y los heterótrofos, como los animales, hongos y la mayoría de las bacterias y protozoos, que dependen de los autótrofos para su nutrición.
Los organismos autótrofos dominan la biomasa terrestre y proveen gran parte de los alimentos y combustibles para los heterótrofos.
Los científicos querían saber "si era posible la transformación en la dieta de la bacteria, de su dependencia del azúcar a la síntesis de toda su biomasa a partir del CO2", indicó Shmuel Gleizar, otro de los investigadores en este trabajo para el cual emplearon la evolución y adaptación de la bacteria en laboratorio como medio para optimizar el metabolismo.
Así obtuvieron autófrofos que producen biomasa a partir de CO2 como única fuente de carbono a diferencia de los heterótrofos que dependen de xilosa como fuente de carbono para su crecimiento.
"El estudio describe, por primera vez, una transformación exitosa del modo de crecimiento de una bacteria", dijo Gleizer. "El enseñarle al sistema digestivo de una bacteria que hiciera lo que las plantas hacen fue realmente un logro", agregó.
Pero el estudio tiene una limitación importante: el consumo de formiato por parte de la bacteria libera más CO2 que el consumido mediante la fijación de carbono y los autores advirtieron que se necesita más investigación antes de que este proceso pueda llevarse a la escala industrial. EFE

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Victor Villasante

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