Enero 26, 2021
Foto: Pixabay
TrialJectory, una empresa israelí con oficinas en Tel Aviv y Nueva York, transforma el mundo de la atención a los pacientes con cáncer gracias a una plataforma con acceso gratuito y accesible, comparación e inscripción en ensayos clínicos y tratamientos, lo que les permite tomar decisiones documentadas y personalizadas.
En Trialjectory participan todos los sectores de la industria de la salud. La plataforma facilita los esfuerzos de los pacientes por encontrar el tratamiento adecuado. Al ingresar los datos de su perfil en la página web, el sistema ejecuta un algoritmo y encuentra los ensayos más adecuados para el paciente. El resultado, en lugar de una lista de unos cientos generará unos pocos que son apropiados para él.
Las compañías farmacéuticas que realizan pruebas clínicas pueden usar los datos de los pacientes para documentar el diseño mismo de las pruebas y facilitar la participación de los pacientes en estos ensayos. Esto reduce significativamente los costos operativos de los laboratorios y agiliza los tiempos en la comercialización de los medicamentos.
Los médicos, cuyo conocimiento sobre las miles de opciones disponibles en todo el mundo a veces es limitado, pueden encontrar en minutos nuevos tratamientos y medicamentos para el cáncer, adecuados para sus pacientes.
TrialJectory no cobra al paciente por su servicio; la compañía genera ingresos a través de los aportes de las empresas a las que remite a los pacientes. Una vez que TrialJectory envía las recomendaciones a un paciente, este hace su selección y la empresa se pone en contacto con la compañía farmacéutica que desarrolla el ensayo o tratamiento elegido.
Tzvia Bader, CEO de Trialjectory, dice que las compañías farmacéuticas expresan gran interés por pagar este servicio, debido a que el reclutamiento de pacientes se ha convertido en un cuello de botella para los ensayos clínicos: “el 94% están atrasados en sus plazos debido a la falta de participantes”.
Otras compañías han construido motores de búsqueda orientados a encontrar ensayos clínicos, siendo uno de los más conocidos el de la Administración de Drogas y Alimentos de los EE. UU. No obstante, Bader dice que estos sistemas producen demasiados resultados como para convertirse en una herramienta relevante en la selección de un ensayo adecuado para un paciente.
Menos pacientes más diligentes
La visión de TrialJectory es una tendencia promovida por las entidades de salud digital: el empoderamiento de los pacientes. Las tecnologías emergentes en telesalud, inteligencia artificial, redes sociales y diagnósticos permiten a los pacientes administrar su salud por sí mismos o en igualdad con los profesionales de la salud. Cada vez más frecuentemente los pacientes llegan al consultorio del médico para obtener una “segunda opinión” después de que ya ellos han hecho un autodiagnóstico con la ayuda de los recursos en línea. Esto debe llevar a reconsiderar al paciente como un diligente consumidor.
El servicio que ofrece TrialJectory contribuye a educar a los pacientes sobre el alcance y las opciones disponibles para ellos, lo que les permite participar en igualdad con su médico en la toma de decisiones informadas y personalizadas acerca de su posible tratamiento.
Foto: Web de Yad Vashem
A Israel arribó una mujer desde Holanda llamada Marta. Su padre fue encarcelado cuando ella tenía 3 años y dos años después fue ejecutado. Fue en Tierra Santa donde Marta comenzó a conocer a su padre a través de los testimonios de muchas personas que fueron salvados durante su juventud. Su padre, Johan Westerweel, se dedicó a esconder y ayudar y acompañar a muchas personas judías a escapar de las garras de las autoridades durante la Segunda Guerra Mundial.
Mejor conocido como “Joop”, Johan Westerweel estaba dedicado a tiempo completo a la educación en revolucionarios institutos de la Holanda de entonces. Su formación cristiana protestante lo había dotado de una profunda conciencia acerca de la bondad humana y pacifismo, convicción que lo llevó a rechazar la idea de ingresar en el ejército mientras vivía en las colonias holandesas de Asia.
Establecido en su tierra madre, alrededor de 1942, Joop encabezaba una familia de 4 niños y sin embargo, nunca pensó en dejar de ayudar a otros niños que lo necesitaran, de manera que su condición de maestro se fortaleció, mientras que los vientos de la guerra inquietaban su convicción bondadosa. Se dedicaba a atender a una gran cantidad de niños judíos refugiados desde Alemania que huían del odio.
Cuando sus colegas lo ponen en contacto con grupos judíos, las convicciones de Joop se afianzaron ante los principios y convicciones que observó en agrupaciones juveniles como la Halutzim, a quienes ayudó a ocultar ante la inminente deportación a campos de trabajo y exterminio. Estos jóvenes, que se auto-denominaban com pioneros se preparaban para el retorno a la Tierra de Israel (para la época conocida con el nombre impuesto por el Imperio Romano de “Palestina”) y se dedicaban a los trabajos del campo, en preparación para la vida comunitaria del Kibutz.

Johan Joop Westerweel (1899-1944)
Como es fácil de adivinar al observar a personas de la calidad de Joop, su actuación no solo se limitó a ocultar a los judíos amenazados. Junto al refugiado judío Joachim Simon se dedicó a organizar la fuga de los jóvenes judíos perseguidos por la barbarie del régimen imperante y en muchos casos los acompañó hasta los confines del país en busca de territorios seguros, infundiéndoles ánimos y urgiendo a que se comprometieran con la libertad y dignidad de todos los habitantes del futuro Estado judío.
Luego de que su esposa fuera capturada al involucrarse en la liberación de una activista judía encarcelada, Joop pasó a la clandestinidad y produjo un manifiesto que sirvió de faro a aquellos que se enfrentaron a la ocupación Nazi, para luego ser encarcelado en 1944 cuando asistía a dos mujeres judías en su fuga hacia Bélgica.
El terrible y tortuoso encarcelamiento no minó su espíritu y se convirtió en consuelo y referencia de otros prisioneros durante su cautiverio, infundiendo ánimo y valor a su alrededor. Tras las rejas, en medio de las torturas, logró escribir en 1944 lo que resultó ser su última obra y comunicación con el mundo exterior: el poema “Tarde en la celda”, que ensalza la bondad, el optimismo y la belleza de la naturaleza, reflejo de sus propias convicciones que lo llevaron a vivir una vida plena de bondad y entrega al beneficio de los desvalidos perseguidos por el Nazismo.
Su vida llega a su fin a manos del verdugo del campo de concentración Vught, el 1 de agosto del mismo año en que escribe “Tarde en la Celda”. Su esposa Wil, fue finalmente liberada del mismo campo, no sin antes verse obligada a ser testigo de la ejecución de Joop, recuerdo que cargó consigo en su vida familiar después de la guerra y que seguramente Marta, su hija, también hubo de soportar, y que aunque no recuerda a su padre Joop, fue en Tierra Santa donde finalmente lo conoció, como el gran hombre que fue, un Justo entre Las Naciones.

Pacifico Comunicaciones

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