Abril 07, 2020
Hitler se reúne con el Mufti. Foto: Bundesarchiv, Bild 146-1987-004-09A / Heinrich Hoffmann / CC-BY-SA 3.0 [CC BY-SA 3.0 de (https://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0/de/deed.en)], via Wikimedia Commons
Según lo emitido por la TV de la Autoridad Palestina, Hitler fue un castigo divino contra los judíos por negarse a aceptar el Corán.
Para un predicador musulmán, desde el infame alemán que invadió sangrientamente Europa hasta Nabucodonosor, se trata de una serie de personajes enviados por Alá a través de la historia para castigar el comportamiento egoísta, arrogante y belicoso de los judíos.
En la transmisión que la televisión oficial de la Autoridad Palestina (AP) hace del sermón oficial de los viernes, realizado desde la aldea beduina de Khan Al-Ahmar, el predicador dilucidó la Historia Universal y las causas de los acontecimientos que han venido azotando a los judíos desde tiempos ancestrales.
La ONG de monitoreo de medios palestinos, Palestinian Media Watch, recogió las declaraciones transmitidas: El castigo que han recibido los judíos a lo largo de la historia es muy merecido debido a su comportamiento egoísta, ya que andan por el mundo planeando sistemáticamente cómo iniciar guerras, según palabras de un orador que no pudo ser identificado y que fue presentado en la TV oficial palestina.
Uno a uno enumeró distintos hitos históricos relacionados con el judaísmo: Nabucodonosor y la destrucción del Primer Templo, el romano Tito y la destrucción del Segundo Templo, los reyes españoles católicos, el resto de reyes europeos y finalmente Hitler. Los calificó como enviados del mismo Alá para infligir un castigo a los judíos, aunque hasta hoy estos no han escarmentado.
El orador ofreció evidencia basada en un pasaje del Corán para sustentar sus afirmaciones. En estas escrituras se llama a observar cómo el final de los infieles será evidente a simple vista en toda la Tierra.
Palestinian Media Watch reporta que este mensaje es el mismo que se transmite en medios impresos dirigidos a los niños árabes. Por ejemplo, en la revista infantil Zayzafuna, a la que la AP inyecta enormes sumas de dinero cada año, Hitler es señalado como una persona que realizó un servicio positivo para la humanidad al asesinar judíos. En la revista, una niña conversa en sueños con Adolfo Hitler y este le explica que asesinó a los judíos para que no siguieran esparciendo la destrucción por la Tierra.
En otras transmisiones de la TV palestina, los predicadores afirman que los judíos “viven y bailan sobre las partes de los cuerpos de otros” y que no existe acto de corrupción en el mundo donde los judíos no hayan participado.
Foto: Web de Yad Vashem
A Israel arribó una mujer desde Holanda llamada Marta. Su padre fue encarcelado cuando ella tenía 3 años y dos años después fue ejecutado. Fue en Tierra Santa donde Marta comenzó a conocer a su padre a través de los testimonios de muchas personas que fueron salvados durante su juventud. Su padre, Johan Westerweel, se dedicó a esconder y ayudar y acompañar a muchas personas judías a escapar de las garras de las autoridades durante la Segunda Guerra Mundial.
Mejor conocido como “Joop”, Johan Westerweel estaba dedicado a tiempo completo a la educación en revolucionarios institutos de la Holanda de entonces. Su formación cristiana protestante lo había dotado de una profunda conciencia acerca de la bondad humana y pacifismo, convicción que lo llevó a rechazar la idea de ingresar en el ejército mientras vivía en las colonias holandesas de Asia.
Establecido en su tierra madre, alrededor de 1942, Joop encabezaba una familia de 4 niños y sin embargo, nunca pensó en dejar de ayudar a otros niños que lo necesitaran, de manera que su condición de maestro se fortaleció, mientras que los vientos de la guerra inquietaban su convicción bondadosa. Se dedicaba a atender a una gran cantidad de niños judíos refugiados desde Alemania que huían del odio.
Cuando sus colegas lo ponen en contacto con grupos judíos, las convicciones de Joop se afianzaron ante los principios y convicciones que observó en agrupaciones juveniles como la Halutzim, a quienes ayudó a ocultar ante la inminente deportación a campos de trabajo y exterminio. Estos jóvenes, que se auto-denominaban com pioneros se preparaban para el retorno a la Tierra de Israel (para la época conocida con el nombre impuesto por el Imperio Romano de “Palestina”) y se dedicaban a los trabajos del campo, en preparación para la vida comunitaria del Kibutz.

Johan Joop Westerweel (1899-1944)
Como es fácil de adivinar al observar a personas de la calidad de Joop, su actuación no solo se limitó a ocultar a los judíos amenazados. Junto al refugiado judío Joachim Simon se dedicó a organizar la fuga de los jóvenes judíos perseguidos por la barbarie del régimen imperante y en muchos casos los acompañó hasta los confines del país en busca de territorios seguros, infundiéndoles ánimos y urgiendo a que se comprometieran con la libertad y dignidad de todos los habitantes del futuro Estado judío.
Luego de que su esposa fuera capturada al involucrarse en la liberación de una activista judía encarcelada, Joop pasó a la clandestinidad y produjo un manifiesto que sirvió de faro a aquellos que se enfrentaron a la ocupación Nazi, para luego ser encarcelado en 1944 cuando asistía a dos mujeres judías en su fuga hacia Bélgica.
El terrible y tortuoso encarcelamiento no minó su espíritu y se convirtió en consuelo y referencia de otros prisioneros durante su cautiverio, infundiendo ánimo y valor a su alrededor. Tras las rejas, en medio de las torturas, logró escribir en 1944 lo que resultó ser su última obra y comunicación con el mundo exterior: el poema “Tarde en la celda”, que ensalza la bondad, el optimismo y la belleza de la naturaleza, reflejo de sus propias convicciones que lo llevaron a vivir una vida plena de bondad y entrega al beneficio de los desvalidos perseguidos por el Nazismo.
Su vida llega a su fin a manos del verdugo del campo de concentración Vught, el 1 de agosto del mismo año en que escribe “Tarde en la Celda”. Su esposa Wil, fue finalmente liberada del mismo campo, no sin antes verse obligada a ser testigo de la ejecución de Joop, recuerdo que cargó consigo en su vida familiar después de la guerra y que seguramente Marta, su hija, también hubo de soportar, y que aunque no recuerda a su padre Joop, fue en Tierra Santa donde finalmente lo conoció, como el gran hombre que fue, un Justo entre Las Naciones.
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Pacifico Comunicaciones

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